miércoles, 18 de marzo de 2015

El tipo que dominó la Premier

Dominar un partido es factible. Hace falta ser muy bueno, tener carácter, aptitud y una visión global del juego. Puede resultar factible, también, dominar el juego en una racha positiva; aunque para ello haga falta saberse un líder y agarrarse el arnés del carro a la cintura. Más difícil es dominar un campeonato porque para ello se requiere ser una estrella con mayúsculas. Para dominar toda una Premier League durante todo un siglo, el vocablo de estrella se queda corta y podríamos utilizar, sin reparos, la palabra genio.

Los aficionados del Arsenal no debieron esperar demasiado de aquel chico espigado que se presentaba ante ellos con los ojos encendidos de ilusión. Venía de ganar la liga francesa demasiado pronto y había sido colamdo de elogios demasiado rápido. Campeón del mundo, mejor jugador joven y gran contrato en Italia, como casi todas las grandes estrellas del momento. Pero el sueño italiano quedó en nada y Wenger, como el antiguo maestro que sigue creyendo en su pupilo, reclamó sus goles para un equipo que jugaba muy bonito pero al que le faltaba velocidad.

Lo que vino después forma parte del imaginario colectivo de cualquier aficionado al fútbol. El chico espigado se conviritió en el mejor jugador de la historia del Arsenal y cada partido se convirtió en una pieza de museo. Su condición le permitía recibir en el centro del campo, avanzar, combinar, regatear y marcar. Lo hacía tan fácil que parecía plausible, pero nadie más era capaz de repetir sus hazañas. Mientras Manchester United, Chelsea y Liverpool se confabulaban para derrotar en base a la fuerza grupal, el trabajo, la competitividad y el ánimo, al Arsenal le bastaba con darle la pelota a Thierry Henry. Él se ocupaba de resolverlo todo.

El Arsenal de Henry es el equipo que gana dos Premier y tres FA Cup en plena dictadura fergusionana, el Arsenal de Henry es el equipo que derrota en el Bernabéu al Real Madrid galáctico camino de su primera final de la copa de Euorpa, es el equipo de los goles maravillosos, de las goleadas a los grandes equipos, del juego de memoria, de la velocidad infernal, el campeón de liga invicto, el del gol a Barthez y el taconazo imponente ante el Charlton Athletic. Henry marcó doscientos treinta y siete goles con el Arsenal, pero más allá de las cifras, quedó la sensación de ser el máximo ejecutor del famoso artículo treinta y tres por el que Andrés Montes hizo famoso a Shaquille O'Neal; hago lo que quiero, cuando quiero y donde quiero.